[Member Spotlight] Colectiva Amorales

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En este post encontrarán una entrevista con las compañeras de Colectiva Amorales, en El Salvador. La organización es 1 de las 6 ganadoras del Laboratorio de Ideas en Empoderamiento Jurídico y Abogacía Comunitaria, organizado por la Red de Empoderamiento Jurídico con el apoyo de Tinker Foundation.

¿Cuál es la misión de su organización?

Somos una colectiva de mujeres artistas, académicas multidisciplinarias que se dedica a la incidencia política por medio de las artes y las campañas digitales.

¿Qué tipo de problemáticas/injusticias aborda su trabajo de empoderamiento jurídico?

Nuestro trabajo de empoderamiento jurídico tiene que ver con la atención de mujeres víctimas de violencias contempladas en la Ley Especial Integral para una Vida Libre de Violencia para las Mujeres, que entró en vigencia en 2012.

Lamentablemente, no sólo la ley no es muy conocida por las mujeres sino que además el sistema jurídico es deficiente. Por ejemplo, en la ciudad de San Salvador sólo existen dos juzgados especializados que atienden casos relacionados con esta ley, mientras que sólo existe un juzgado de este tipo a nivel departamental en todo el país. La consecuencia es una gran demora procesal. Nosotras fuimos convirtiéndonos en referentes para la atención jurídica inicial precisamente porque los juzgados y otras instituciones no atienden de la manera debida.

Comenzamos elaborando protocolos de atención a víctimas de violencia y asesorando a través de internet. Tuvimos que preparar un documento para poder sistematizar todos los casos, incluyendo los que no llegaban al ámbito judicial. Nos dimos cuenta así de que nuestras usuarias eran mujeres jóvenes que no contaban con el poder adquisitivo para poder llevar adelante un proceso legal (no existen instituciones que garanticen un acompañamiento gratuito) y cuyas familias no sabían que estaban siendo víctimas de violencia. Muchas de ellas no sabían cómo utilizar las leyes, ni que existía siquiera la violencia simbólica.

Por eso empezamos a hacer campañas informativas. En primer lugar, sobre el tema del acoso sexual, algo que trabajábamos desde el 2015 en las universidades, principalmente en la universidad pública. Comenzamos a hacer performances relacionadas con el conocimiento de las leyes y el empoderamiento jurídico. La idea era saberse sujeta de derechos, porque si una no se reconoce como tal entonces no cree que haya algo que reclamar cuando la están violentando. En 2016 extendimos nuestro trabajo a universidades privadas, siempre sobre el tema acoso sexual, hablando del consentimiento y del derecho a decidir entendido de forma amplia.

Previo a la pandemia, todo esto lo hacíamos de manera presencial en las universidades. En época de pandemia, continuamos con nuestro trabajo de sensibilización pero a través de redes sociales, dado que las denuncias por ese medio se han intensificado bastante. Pero como también el acoso sexual se ha trasladado al ámbito de internet, decidimos comenzar con el proyecto del Laboratorio de Ideas y con campañas en redes sociales.

Otro de los temas que trabajamos es la despenalización del aborto, aunque no lo podamos abordar de forma tan pública porque en El Salvador es una práctica totalmente prohibida, incluyendo la ayuda para abortar o la inducción al aborto. Hacemos talleres informativos, explicando que anteriormente en el país existía una ley que permitía la interrupción del embarazo por ciertas causales.

¿De qué forma están usando el empoderamiento jurídico para atender esas problemáticas? Por favor, incluya un breve ejemplo para describir su trabajo.

Nos dedicamos al empoderamiento jurídico por medio del feminismo. Lo que planteamos es la reapropiación de nuestros cuerpos junto con la idea de que las leyes se pueden cambiar si no nos favorecen, y de que podemos hacerlas funcionar a nuestro favor por medio de la incidencia política, todo para lo cual es necesario el acompañamiento y la organización.

Utilizamos las estrategias de empoderamiento jurídico según la coyuntura, según el caso o según lo que nosotras queramos proponer o denunciar en cada actividad. Por ejemplo, tenemos una estrategia en la cual montamos un circuito performático llamado “circo viejo”, el cual tiene como objetivo que las estudiantes se animen a denunciar por primera vez. Sabemos que la violencia sistemática contra las mujeres dentro de las universidades no es fácil de denunciar. Para nosotras es importante comenzar a hacerlo desde el anonimato. El “circo viejo” consiste en una especie de feria en donde nos vestimos de gitanas y enfrentamos a personas que llevan rostros de hombres condenados por acoso o abuso sexual -todos casos reconocidos-, arrojándoles dardos o tirándoles bolsas con agua.

Nosotras tomamos estas estrategias como un primer acercamiento de las mujeres. El teatro es como un ensayo sobre algo de la realidad… así, la próxima vez que alguien pregunte, la persona tendrá mayor facilidad para decirlo que cuando estaba actuando. Lo vemos como un proceso en el cual motivamos a las mujeres a denunciar. En la actualidad, a causa de la impunidad, no existe una cultura de la denuncia. Pero se trata de un círculo: si la ciudadanía no exige que funcionen las instituciones y las leyes, ellas no van a funcionar.

Dentro de la misma metodología de performance, en ocasiones hemos colocado en las paredes de la Universidad del Salvador (UES) un bolígrafo junto con el rótulo: “escribe el nombre de quien te ha acosado dentro de la universidad”. Al recoger por la tarde el cartel se ven resultados bien impresionantes, que nos muestran que las mujeres no suelen denunciar porque tienen miedo a la violencia académica. Hemos denunciando acoso sexual y violencia contra las estudiantes dentro de la UES, por lo que no se nos da el permiso para realizar talleres. En cambio, sí conseguimos hacerlos en las universidades privadas. Allí hemos logrado hacer alianzas con las unidades de género y cátedras de género. La UES, hasta el año pasado, era la única que tenía una maestría de género pero sin tener una unidad de género dentro de toda la universidad. En las privadas, donde sí tenemos acceso al estudiantado, hemos podido trabajar con grupos mixtos a través del teatro-foro, realizando presentaciones sobre violencia sexual y acoso sexual callejero, figura que todavía no está penalizada. El equipo está compuesto por cuatro mujeres, una de las cuales es también docente y se encarga de que, después de la presentación teatral, exista una parte reflexiva y de indagar sobre términos.

Con los grupos mixtos trabajamos también el tema del consentimiento a través de talleres artísticos, malabares, etc. Hemos estado en diferentes instituciones haciendo talleres de sensibilización sobre derechos humanos con herramientas teatrales. Somos mujeres artistas y sostenemos que el arte es político, que el arte es un derecho humano, y que a través del arte podemos acceder a otros conocimientos y sensibilidades que nos permiten empatizar con otras personas y a reconocernos como sujetas de derecho. Vamos así hilando la salud emocional con el derecho: tenemos derecho al arte porque este procura una salud mental.

Las mujeres que se acercan a nosotras son jóvenes de entre 18 y 35 años, y acuden por asesoría inicial. Quieren saber, primero, si lo que les ocurrió es denunciable. A pesar de que muchas llegan sin querer denunciar formalmente, siempre les preguntamos si quieren hacerlo. Si no quieren, les sugerimos que guarden las pruebas por si llegasen a desearlo más adelante. A quienes sí quieren las referimos a nuestras instituciones aliadas. También les preguntamos si les gustaría tener asesoría psicológica, en cuyo caso las referimos a otras instituciones aliadas. Si ellas quieren, también hacemos el escrache, la denuncia pública, o la opción que ellas prefieran. Lo importante es brindarle opciones a estas mujeres.

A través de la alianza con otras instituciones, hemos logrado acompañar distintos casos. Por ejemplo, hemos acompañado mediáticamente un caso de feminicidio a través de una campaña que se llama “Madre somos todas”. También hemos logrado brindar asesoría psicológica a familiares de víctimas de feminicidios. Todo esto ha sido por medio de alianzas con otras instituciones.

El uso de las tecnologías también ha sido importante. En primer lugar, es la oportunidad de dar a conocer nuestro trabajo. En El Salvador no tenemos medios de comunicación que logren contrarrestar la desinformación y fake news que hay. Para nosotras, las redes sociales se han vuelto importantes para informar a las mujeres y como una posibilidad de emitir un contradiscurso. Antes de la pandemia ya hacíamos trabajo por redes sociales, pero hoy el trabajo se agudizó; todo se ha trasladado a la internet. El trabajo hecho en redes es importante para mantener informadas a las mujeres sobre sus derechos. También puede resultar más fácil para muchas enviarnos un mensaje por internet antes que llamar por teléfono, especialmente si viven con su agresor. Muchas han creado distintos perfiles desde los cuales nos han escrito para hacer consultas legales. Por todo esto, tenemos cierto trabajo desde el perfil de Colectiva y tenemos otro que es anónimo.

¿Por qué consideran que el empoderamiento jurídico es importante para resolver las problemáticas mencionadas?

Es posible realizar un taller de teatro o de circo sin hablar de derecho; podemos hablar de comunicación visual, espacialidad corporal, ejercicios de estiramiento, trabajo en equipo, pero sin hablar de empoderamiento jurídico. ¿Cuál es la diferencia? En el mismo taller de circo o hula hoop dirigido a niñas de 10 a 15 años, hablamos con ellas sobre hasta dónde puede acercarse una persona. Les hablamos del espacio que marca el hula hoop como una especie de “esfera jurídica” en donde nadie se les puede acercar. Les explicamos, por medio del juego, que quien invade su esfera jurídica o toca su cuerpo, invade su espacio, y que ellas tienen derecho a poner sus límites. El empoderamiento jurídico nos permite llevar conocimiento a niñas, adolescentes y mujeres mediante una forma que no implique sentarlas frente a un proyector a recitar artículos de la Constitución; les enseñamos jugando.

Por ejemplo, hemos trabajado con mujeres que son trabajadoras del hogar. Ellas en la actualidad están luchando para que se ratifique el Convenio 189 de la OIT para que los empleadores tengan la obligación de brindarles condiciones mínimas de trabajo como un seguro social, jornadas laborales de ocho horas y vacaciones. Nosotras trabajamos con ellas en cuanto al empoderamiento de la denuncia a través del teatro. Interpretamos y hacemos un personaje exagerado de “la patrona”, para que ellas aprendan a denunciar. Otro personaje también se encarga de la entrevista laboral en la que se les ofrece el trabajo, y a partir de ahí vamos conversando con ellas sobre los derechos laborales. Así aprenden también a hablarlo en voz alta, algo que para nosotras es muy importante. Ahí está la clave de cómo el arte te ayuda a empoderarte sobre tus derechos, a expresarte sobre ello en voz alta y con tu cuerpo. Estas dos herramientas son muy poderosas. Nos permiten transformaciones increíbles en la forma de ver y percibirnos a nosotras mismas en cuanto a los derechos. En este proceso de las trabajadoras del hogar, ellas mismas terminaron haciendo teatro.

Por eso nosotras hilamos estas dos herramientas. Teatro o circo se puede hacer en un montón de lugares. Por eso la importancia del empoderamiento, del feminismo, de considerarnos a nosotras como sujetas de derecho y también como generadoras de derecho y de nuevas leyes. Les enseñamos que tenemos esa capacidad ciudadana de proponer leyes y nuevas funcionalidades para el gobierno, que los funcionarios son sus empleados, y no al revés.

¿Cuáles son los mayores desafíos que enfrentan en su trabajo y qué están haciendo para abordarlos?

Uno de los desafíos más grandes han sido las amenazas y las persecuciones judiciales. En este momento, estamos siendo víctimas de criminalización por parte de un docente de la Universidad del Salvador, el cual fue denunciado por diferentes estudiantes en un acto público. A raíz del acompañamiento de la denuncia que hizo Colectiva Amorales, desde el año pasado hemos estado sujetas a un proceso de criminalización por el delito de calumnias. La causa ahora está tramitando en Casación porque, si bien se nos dió la oportunidad de conciliar, decidimos no hacerlo. A pesar de ser cinco mujeres señalando a un acosador sexual, la jueza desestimó lo narrado por las víctimas porque, según ella, eramos amigas y por lo tanto nuestros testimonios no eran creíbles. Pero con estas chicas nos habíamos conocido en otro acto de denuncia que no tenía que ver con ese caso. Allí se nos había acercado una chica queriendo también denunciar, luego se nos acercó otra, y terminamos descubriendo que habían más de diez mujeres que fueron víctimas de este profesor. Algunas no quisieron denunciar, mientras que los casos de otras ya habían prescripto. Este caso de criminalización ha sido uno de los mayores retos porque, estando seguras de nuestro trabajo de defensoras de derechos humanos, nos hemos visto muy cuestionadas. Hubo una revictimización terrible por parte de los medios, de los abogados e incluso de la jueza. Nos negaron la apelación, por lo que en este momento estamos en Casación. Como Colectiva y como movimiento de mujeres jóvenes, hemos decidido que si en Casación nos vuelven a condenar, iremos a la instancia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Esto es un gran obstáculo que sigue allí, porque el caso está en curso. A pesar de esto, creo que hemos sabido aprovechar esta situación, logrando hacer vínculos y redes con otros colectivos y colectivas, con mujeres que también están pasando procesos de criminalización por haber denunciado. Si bien nos hemos sentido acuerpadas en este proceso, no deja de dañarnos porque nunca nos imaginamos que seríamos imputadas sino que estaríamos del otro lado. De todas formas, si fuimos criminalizadas debe ser porque las denuncias de alguna manera tuvieron eco y fueron escuchadas. Ahora tenemos un protocolo para evitar casos de criminalización o para actuar de forma diligente ante nuevos casos de criminalización.

Por ejemplo, en el trabajo de empoderamiento que hacemos sobre el derecho a decidir, resulta muy difícil para nosotras porque la ayuda o inducción al aborto es penalizable. Cualquiera podría creer que en nuestros talleres, al hablar de aborto estamos induciendo al aborto, y podría pretender criminalizarnos. Estos son los mayores retos que tenemos.

También lo económico ha sido un reto para nosotras. Últimamente estamos trabajando en nuestro espacio físico, hemos conformado nuestro centro cultural con la misma dinámica de tener un espacio seguro para las mujeres, y un espacio formativo para que ellas conozcan de arte, de derecho, de filosofía, de feminismo, siempre teniendo una convivencia más humanizada y feminista.

Con respecto a las redes sociales, también implicó reinventarnos en cómo nos vemos. Como ahora todo el conocimiento y la información se mueven más rápido, tuvimos que ver cómo hacer para que nuestro trabajo no se limite solamente al ámbito de las redes e internet, pero sin tampoco perderlo. Tuvimos que encontrar ese equilibrio entre no dedicarnos sólo al ciberactivismo sino también mantener la actividad fuera de línea. Aprender a mantener ese equilibrio ha sido otro de los retos.

Además, tuvimos que aprender a cuidarnos en las redes sociales y a cuidar nuestras redes sociales. Fue muy importante aprender de seguridad digital, en especial porque tuvimos un caso en el que se descontextualizó en las noticias un performance nuestro, en el que se tomó nuestra imagen y la utilizaron para otras cosas. Si bien lo denunciamos, a raíz de esto hemos aprendido que en internet la información ya no nos pertenece del todo. Además, a raíz de la denuncia hemos tenido ataques a nuestras páginas web, con lo cual tuvimos que aprender a proteger no sólo las redes sociales de la Colectiva sino también las personales.

¿Cómo ha impactado su selección para ser parte del Laboratorio de Ideas en el trabajo que realiza su organización y las comunidades con las que trabajan?

Está impactando de una manera positiva, en el sentido de que muchas mujeres han expresado la importancia de contar con un medio que informe específicamente sobre la Ley de una forma fácil, comprensible. A nosotras nos ha dado la oportunidad de, primero, informar, y segundo, realizar actividades más concretas alrededor de esta información. Con el Laboratorio nos planteamos atender consultas generales, públicas, jurídicas y psicológicas, en línea, de forma gratuita, una vez a la semana. También nos planteamos otras maneras de informar utilizando las redes sociales: con videos, posts informativos, datos estadísticos. Ahora estamos haciendo un cómic sobre la Ley, lo que ha sido divertido y a la vez reflexivo. Pensar cómo mostrar en imágenes, releer la Ley y encontrar cosas que no habíamos visto antes… ha sido todo un proceso de crecimiento interno. Nosotras nos estamos construyendo haciendo este proyecto y estamos dando esa construcción a otras de la forma en que queremos hacerlo, desde lo cotidiano pero sin olvidar el conocimiento técnico-jurídico.

¿Qué estrategias utilizan para asegurar la sustentabilidad a largo plazo de su trabajo ?

Por el momento, nos encontramos gestionando proyectos de forma constante y generando la autosostenibilidad de Casa Bruja, nuestro centro cultural. Para ello organizamos distintas actividades. Por ejemplo, ahora estamos por inaugurar una galería de arte feminista y ciclos de talleres, que tratamos que sean remunerados para las mujeres que vienen a impartirlos a la vez que dejen un porcentaje para la Casa.

¿Tienen alguna recomendación para los demás miembros de la Red?

Animarse a probar herramientas artísticas. No necesitamos dedicarnos todo el tiempo al arte o ser artistas, pero hay cosas que el arte nos regala, bien cotidianas y sencillas, que podemos utilizar siempre en nuestro trabajo, no sólo para mostrarlo públicamente sino porque trabajar empoderamiento jurídico y estas temáticas nos carga mucho de repente, nos genera bastante frustración, y el arte nos ayuda a llevar procesos más sanos. A nosotras esto nos ha funcionado bastante.

¿Tienen alguna recomendación de un libro, cita, recurso, obra de arte o música que les mantenga inspirades y motivades?

Nos encanta escuchar a Sara Hebe, una cantante argentina. Ella es el himno de la Casa. Cuando vamos a trabajar, Sara Hebe. Cuando vamos a una marcha, Sara Hebe. Cuando nos sentimos mal y tristes, Sara Hebe. De lectura, Michel Foucault.

Pueden conocer más sobre Colectiva Amorales en sus redes sociales, y en las redes sociales del proyecto Hablando de Leyes.


Si tienen preguntas o comentarios en relación al trabajo de la organización por favor compártanlos abajo.

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